Capitán Bandido, un retrato sobre la paternidad

Ene 18, 2021 | Club de escritura

Club de Escritura

18 enero, 2021

Maria Andrea Bonilla

¿Qué es un padre?, fue una de las preguntas que nos hicimos en uno de los ciclos del Club de lectura y escritura de La mala mamá. Este fue uno de los textos que salieron como respuesta a ese interrogante, un texto que, entre tantas historias de papás que abandonan, es un respiro y una lección de presencia. 

Me encanta clavar mis codos en la espalda de mis papás mientras estamos en la carretera, me hago en la silla de atrás del carro, justo en el medio de los dos. Ellos se ríen y me dicen “huesuda” cada vez que lo hago, es decir, casi siempre.  

Ese es un viernes y se hizo de noche. Hay muchas curvas en el camino y en la más pronunciada tomo un parpadeo lento. Cuando abro los ojos ya no estoy en el carro, ahora lo veo alejarse con ellos dentro mientras me doy cuenta que estoy al otro lado de la vía, en la entrada de una cueva que se alumbra en el fondo con el reflejo del fuego, un fuego que calienta a un viejo sin camiseta, con un pantalón sucio, roto y feo que se ajusta con un cinturón de cabuya. Él está medio acurrucado en el piso, se apoya en una rodilla nada más, levanta su mirada y cuando nuestros ojos se encuentran no puedo más. 

Me despierto con el corazón palpitando a mil, estoy a oscuras, estiro mi brazo y toco el pelo de quien creí era mi mamá, pero es mi muñeca, lo sé porque es más crespa que ella. De un salto estoy fuera de la cama, entro al cuarto de mis papás y cuando paso la zona donde está mi mamá lo hago muy bajito. Llego a mi destino: junto a mi papá, lo logré, pongo las manos juntas y me clavo, no en el agua sino en la cama a su lado. Le digo: “Papi tengo miedo”, me arruncho en posición fetal, y luego le digo: “Dame la mano”. 

Con esos 10 dedos entrelazados descanso de mi acelere y cinco minutos después llega la calma total.  Pienso en que ojalá ya sea mañana, necesito sentir el sol para que me quite ese frío bogotano que me entró en la carrera. Cierro mis ojos en completa paz. 

Amanece por fin, me quito el saco, son las 7a.m. y hay una neblina de helada, suerte que estoy en el puesto de la ventana. Siento que mi papá es un genio pacificador, me trae paz siempre. Me deja en la ventana con el sol directo y es el único padre que entra hasta el salón a dejar a su hija y elegir su puesto. Caminamos los primeros pasillos, en el pasto me alza para no mojar la goma de mis zapatos y evitar que llegue el agua a mis pies.

La hazaña no se repite. Esa fue la última oportunidad que le dio la madre Amalia de entrar al colegio, en su sudadera casi pijama, agarrando mi mano desde que bajamos del carro. Se le acabaron las interrupciones de clase saludando “buenos días niñas” y ellas respondiendo “buenos días capitán bandido”. No sé cuándo les enseñó que tenían que responder eso en coro, como haciendo alusión a una gorra estilo Marinero que tenía sin haber estado nunca en altamar.

Club de Escritura

Leer sobre mujeres y maternidad, escribir sobre lo que significa ser mujer y madre en la sociedad actual, hablar con otras mujeres y debatir sobre todo esto es una tarea necesaria cuando se quiere maternar de una forma reflexiva y rebelde. En este club de lectura, leeremos literatura, poesía, cuentos, artículos, biografías.
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