Carta a mi hija

Oct 26, 2020 | Taller Maternidades Imperfectas

Ilustración de Freepik

Ángela Marcela Guitérrez

Ángela Marcela Gutiérrez es pediatra y con su hija su vida se transformó: después de perder dos hijxs en su vientre y dar a luz a María Victoria, se convirtió en una mamá que cuestiona los arquetipos de “buena madre” y los mandatos de maternidad perfecta. A través de esta emotiva carta a su hija de tan solo ocho meses, Marcela escribe este bello manifiesto en el marco del Taller de maternidades imperfectas que hacemos La mala mamá podcast y La insumisa. 

Querida hija:

Me hice madre antes de ti. Eso ocurrió en enero de 2018 cuando me enteré del embarazo de tu hermana Emilia, el cual fue motivo de éxtasis total y como suele ocurrir con el intenso placer, fue breve y doloroso. El paso de tu hermana por mi cuerpo y por mi vida, inició una transformación en mí que aún no finaliza (por fortuna). Cuatro meses más tarde, tu hermano Alejandro anunciaba su llegada con algo de miedo pero mucha esperanza… una ecografía a las 12 semanas nos cambiaría esa esperanza por incertidumbre y tristeza, un vacío tan enorme como el que dejó en mi cuerpo luego de habitarlo por 14 semanas. Las maternidades de brazos vacíos no se reconocen en este mundo. Yo las nombro porque son reales; tener vidas breves no anula la existencia. Lo que ocurre, amor mío, es que en este mundo lo femenino es tabú.

Por lo que te cuento, tenerte en mis brazos hoy es casi milagroso. Cada evento en mi vida me ha construido y de una u otra manera me ha preparado para ser la madre que necesitas. El camino recorrido ha sanando a una mujer que ha estado tan rota no solo por las historias que te acabo de contar: empezó desde mi infancia, una niñez marcada por el abandono y la que, después de varias reflexiones, me hizo tenerle miedo a la maternidad. 

No es fácil ser “buena madre” sintiéndome tan incompleta. Siempre pensaba que mis decisiones “dañarían” a mis hijos hipotéticos porque ¿cómo  no equivocarme? Para mi propia sorpresa, reconciliandome con mi niña herida, viviendo mi vida como mujer adulta y experimentando mis maternidades, he logrado empezar a amarme, perdonar a mis padres y construir unos lazos más saludables con nuestro linaje desde mi adultez. 

Ahora sé que la “buena madre” no existe, que esta es solo una imposición social como muchas otras que nos han cargado sobre la espalda por nacer con útero. Al final, solo existimos mujeres que desempeñan un papel como madres con una biografía que le imprime a cada maternidad su huella personal. Espero que mi huella en ti sea de libertad y amor; que en nuestro léxico esté abolida la palabra culpa. Deseo que eso sea mi legado para ti.

Y tengo que contarte que la mujer que quiero ser ya la estoy siendo. Me estoy permitiendo –algunos días con más facilidad que otros– ser yo. La utopía de la perfección la voy abandonando conforme pasan las horas y me sumerjo entre pañales, sonrisas y tu teta.  Soy tan real a veces que aunque no me gusto siento que eso también está bien porque hace parte de la vida. Quiero agradecerte ese regalo que me estás dando: me muestras día tras día lo que significa cuidar de una vida que está floreciendo. Este es un aprendizaje no exento de dolor porque me confronta con el deseo de libertad y la ilusión del control. En ocasiones, me miro y no me reconozco: nuestro parto me transformó y atenderte me debate entre el amor infinito y el agotamiento humano. Ocho meses más tarde, sigo sintiendo la marca del puerperio en la construcción de mi nueva identidad. Cuando me leas, si te has convertido en madre, seguro lo entenderás. 

Proyectarme hacia el futuro es una labor cada vez más agradable. Mi profesión me trajo hasta este punto de mi vida en muchos aspectos: me llevó a recorrer parte de mi país y aprender en otros lugares cómo se vive, me permitió disfrutar y conocer personas increíbles con las que tengo lazos poderosos y me colocó en esta ciudad a donde jamás pensé llegar y donde desde hace cuatro años estoy construyendo una familia junto a tu papá… y ahora contigo. 

Sin embargo, te confieso que ese proyecto de vida ya no me llenaba hacía un tiempo. No es fácil admitir que para lo que te has venido preparando por años de repente empieza a hacerte sentir asfixiada, vacía… Tu llegada ha sido una brisa fresca en medio del verano. Contigo en mi vida quiero experimentar otras formas de ser yo, quiero contarle a otros cómo podemos transformar el mundo a través de la infancia. 

Ahora sueño con un espacio donde verte crecer jugando y aprendiendo, mientras acompaño a otras familias a maternar más consciente y amorosamente; sueño con construir redes de apoyo para padres/madres e hijos donde no nos sintamos tan solos en esta tarea de criar. Quiero creer en el poder transformador de amar a los niños para sanar el mundo. Increíble tanto tiempo atrás compartiendo con niños y haber necesitado ver tus ojos para entender mi propósito. Tú, María Victoria, me has rescatado y me has encaminado hacia mi nuevo lugar en el mundo. 

¡Hija tengo tanto que agradecerte!

Quisiera decirte tantas cosas más, pero te escucho despertar “¡Ma!”. Y recuerdo lo bien que se siente dormir a tu lado y oler tu cabecita. 

La vida no espera.

Taller Maternidades Imperfectas

Maternidades Imperfectas, un espacio de catarsis, liberación y proyección.
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