¿Crianza consciente o crianza libre y feminista?

Abr 15, 2020 | Blog Personal

Escrito por María Fernanda Cardona

15 abril, 2020

Cuando nos convertimos en madres nos sentimos atravesadas por muchas emociones y aparece una obsesión por ser “mamás perfectas.

 

Esto nos hace sentir culpables por no ser capaces de seguir al pie de la letra el manual de “súper mamá”. ¿Es posible vivir una maternidad menos impuesta y más libre? ¿Es la crianza respetuosa y consciente patriarcal? ¿Cómo salir de eso? Aquí te cuento un poco de mi historia y te doy unas pistas para vivir una maternidad más libre y feminista.”.

Miedo.

Eso fue lo primero que sentí cuando supe que iba a ser madre. Me aterró saber que dentro de pocos meses iba a nacer un ser vivo que me necesitaría todo el tiempo para sobrevivir. Me espantaba ese nivel de compromiso con otra persona. Me destruía la certeza de no poder salir huyendo, pues aunque decidí ser madre, no estaba preparada. Luego, poco a poco, me fui haciendo a la idea y le cogí un cariño inmenso a esa pancita que crecía dentro de mí. Y así, cuando Nicolás nació, pese a muchos problemas que tuvimos para vincularnos, lo sentí mío. Pero también me obsesioné con hacer “todo bien”, deseaba ser la “madre perfecta”. Soñaba con que fuera un niño feliz, aunque eso implicara que yo no lo fuera tanto.

Como yo no sabía nada de crianza, de “lo mejor” para mi hijo, seguí muchas cuentas de Instagram para absorber todo ese “conocimiento” que ronda en esa red social. Seguí, sin mentir, en un mes, más o menos 100 cuentas: de lactancia, crianza, porteo, sueño infantil, salud, y muchas cosas que yo, como una estudiante 10, me pasaba analizando todo el día. De esa forma, llegó lo inevitable: querer crear contenido de maternidad.

Ahora la pregunta era, ¿qué tipo de contenido? ¿Una cuenta de experta? No, porque yo no sabía (ni sé) de crianza. ¿Una cuenta donde hable de la “mejor etapa de la vida”? Obvio no, porque para mí uno de los grandes problemas de la maternidad es su romantización. ¿Un blog donde hable de mis experiencias? De todas las opciones esa fue la que más me llamó la atención y por donde empecé. Han pasado 10 meses desde ese momento, meses que me han transformado como persona, mujer, periodista, socióloga y, por supuesto, mamá. Ya no soy la misma y tampoco lo es mi cuenta.

Comencé llamándome “la.mala.mama.10” y mi primera publicación fue sobre lactancia, un tema que hoy poco me interesa (y no porque no sepa lo importante que es dar teta, sino porque no soy la persona para hablar del tema y porque aun cuando sigo amamantando a mi hijo de un año, no creo que sea una obligación lactar). Luego mis temas, intereses y comunidad fue evolucionando. Así llegué a mujeres maravillosas que me enseñaron (y me continúan enseñando) sobre maternidad, libertad y feminismo. De esas mujeres quiero resaltar a Tatiana Duque (@lainsumisa).

Pero antes de eso, creé La Mala Mamá Podcast, un espacio donde entrevisté a expertas en crianza consciente para que nos dieran herramientas para vincularnos y relacionarnos con nuestrxs hijxs. Esa fue la primera temporada. Una que me gusta, que escucho y a la que le tengo cariño. Pero también es una temporada que si no se coge con pinzas puede causar mucha frustración porque parece un manual de instrucción para ser “la madre perfecta”. En su momento yo no me di cuenta que lo que estaba promoviendo era un paso a paso para practicar la crianza respetuosa y que como cualquier paso a paso mina la confianza y provoca mucha culpa cuando no se cumple al pie de la letra.

Y a mí me paso. Sentí demasiada culpa cuando no fui capaz de seguir todos los consejos que yo misma promovía con mi podcast y, después de reflexionar sobre el asunto, me di cuenta que la crianza consciente no era necesariamente libre (si quieren saber qué es eso de crianza respetuosa, consciente y con apego, escuchen T1E1 Crianza respetuosa y apego seguro), pues implicaba un montón de reglas que yo no podía cumplir.

Por ejemplo: respetar todos los procesos evolutivos de nuestrxs hijx: teta o tetero a libre demanda, aceptar que un bebé se despierta muchísimas veces en la noche, permitir la autorregulación en la alimentación, manejar con una paciencia increíble la ansiedad por separación, dejar que dejen el pañal cuando estén listos, no castigar, no premiar, no gritar y muchos “no” más. De esas reglas hay algunas que apliqué y aplico, pero hay otras que me superan, como el sueño de lxs bebés.

La crianza consciente dice (y tiene razón porque se basa en evidencia científica) que los niñxs regulan su sueño a los seis años y que los despertares nocturnos son totalmente normales, por lo que enseñar a un niñx a dormir toda la noche es antinatural e incluso una “tortura”. Y precisamente esta fue mi primera falla: cuando mi hijo cumplió seis meses no aguanté más y contraté una coach de sueño para que me mostrara cómo hacer que mi bebé durmiera toda la noche. Fue aquí cuando me di cuenta que no hay manuales de instrucción, que tenemos límites y que si algo nos afecta hasta el punto de que nuestra salud mental se ve afectada, hay que cambiarlo, y no se cambia “aguantando”, “sacrificándose”, “poniéndose en segundo lugar”, como me dijeron que debía hacer. Se cambia aceptando nuestros límites y entendiendo que a veces no podemos o queremos hacer algo. Y que eso está bien.

El asunto es que tomé decisiones que se salían de la crianza consciente. Pero al mismo tiempo resignifiqué qué era ese tipo de crianza, y lo hice al lado del feminismo. Entendí que la maternidad “no es de todo o nada”, que no hay extremos, que no pueden haber extremos, que cada una tiene un contexto particular y que las guías de maternidad y los estilos de crianza totalizantes, no tienen en cuenta dónde se para cada mujer. Por eso, decidí que si yo soy madre consciente no es porque sigo las reglas, sino porque dudo de ellas, porque no trago entero, porque decido qué hacer y qué no.

Consciencia no es estar informada para actuar en sintonía con lo que se considera “correcto”. Consciencia es tomar decisiones informadas y atravesadas por nuestros deseos, ideas y límites. Y eso no significa que las mamás conscientes y libres no amemos a nuestras crías, significa, más bien, que les amamos tanto que queremos que tengan madre a las que les guste maternar. Ese “gustar” puede ser dar teta o dar biberón, dar lactancia materna o dar leche de fórmula, hacer colecho o tener una cuna, enseñar a dormir toda la noche o esperar, renunciar al trabajo remunerado o trabajar y la lista puede continuar sin fin, porque la maternidad y la crianza, como ya dije, no es de “todo o nada” ni  de extremos ni de reglas. Y eso lo entiende las maternidades feministas, por eso, de todas las formas que hay de maternar, me quedo con esta, que pone en el centro a la mujer y la invita a desobedecer al patriarcado, porque sí, la crianza respetuosa, con apego o consciente es patriarcal si el sacrificio y el aguantar es el hilo conductor (de esto hablamos en la T2E2).

Si quieres profundizar en la maternidad feminista, te invitamos a inscribirte al taller online de Maternidades Imperfectas, el cual comenzará en mayo.

 

Escrito por María Fernanda Cardona

15 abril, 2020
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