Diario de una madre feminista

Jul 15, 2020 | Taller Maternidades Imperfectas

Ilustración de Freepik

Laura Marcela Beltrán de la Hoz

Una madre feminista nos comparte su diario de una maternidad libre, tal vez distópica, y siempre real. 

Día 1

Ser mamá fue inesperado. Después de tres años y medio sigo preguntándome cómo definir serlo. Tampoco estoy muy segura si fue un accidente o la materialización de un deseo oculto. En días como hoy me inclino por lo del deseo oculto y fantaseo con todo lo romántico que tiene la maternidad. Aquí estoy frente a ella, la veo jugar y pienso: ¿Cuándo la maternidad dejara de revolcarme? ¿Pasa algún día?

En este aislamiento, en el que los días se repiten al infinito y parecen idénticos, también hay pequeñas fisuras que dejan entrar el aire, y así, depronto, te parece ver la varita del hada madrina regalándote minutos extra de paciencia. Si fuera modelo de una típica revista de maternidad hoy me harían las fotos para la sección “Una mamá de tiempo completo”. Mi energía a tope y la conexión “almas gemelas” en ON: jugamos carritos, hicimos galletas, vimos una película, subimos al parque. Definitivamente hoy sumé muchos puntos en mi ranking auto-auditado de La Mejor Mamá del Mundo. Incluso creo que llegué al nivel: “Estas hecha para esto!”.  

Respiro y me pregunto: ¿Si lo estoy? Supongo que sí, pero no a este ritmo imposible.  Estoy segura que mañana no tendré toda esta energía, me caerá encima el peso del lunes y culparé a Carlos por no estar más presente, lloraré un rato, trabajaré a medias y también jugaré con Emilia a medias.  Me pondré otra vez los lentes oscuros de la culpa.  Respiro. También podría decidir quitarmelos, pedir la baja como modelo de esa revista de maternidad en la que quedé inscrita al convertirme en mamá, pues ahora sé que cada una tiene su estilo, y por eso estaría bien no cuestionar el de otras. ¿Podría incluir allí el de mi mamá? Bueno, Sé que puedo hacer mis propios conjuros para esta maternidad que definitivamente es sólo mía y que en muchos casos seguirá llena de contradicciones porque el sistema no se deconstruye al mismo ritmo. Y mientras tanto, seguiré con mi varita mágica llamada feminismo intentando incansablemente salvarme de ser domésticada.  

Sonrió. Vuelvo a mirar a Emilia  y ahora ella también me ve. Corre hacia mí, me salta encima con un abrazo y entonces le digo al oído, en la más completa ingenuidad que me da este momento, con un susurro que ojalá se tatúe para siempre en su corazón: “Hija, tú eres libre”. 

Día 2

Puntos claves para vivir una maternidad feminista:

  • Confiar en mi intuición, en mi deseo, saberme bruja.
  • Reconocer la culpa como algo que no es mío.
  • Reconocer que todas las maternidades son válidas, que hacemos lo que nos alcanza en medio del sistema en el que vivimos. 
  • Maternar en aquelarre.


Día 3

¿Quieres que te cuente una historia?  Se emociona y se sube a la hamaca.  Le cuento:  Era una vez una bruja mamá, que tenía en su panza a una pequeña brujita. Un día la brujita nació y esta bruja mamá estaba un poco confundida, pues no sabía muy bien cómo cuidarla.  Leyó muchas historias de otras mamás pero ella seguía sintiéndose extraña  y le daba miedo de muchas cosas, como no poder salir nunca más a pasear en su escoba o abrazar demasiado fuerte a su brujita bebé. Entonces la bruja mamá hizo un trato con ella misma: dejaría de buscar pócimas mágicas afuera y escribiría su propio conjuro de maternidad. Así comenzó por decirse que ahora se escucharía más, hablaría alto, daría valor a lo que sentía, se juntaría más en aquelarres. Y de esa manera encontró un lugar donde pudo recordar que se puede mirar el mundo sin los oscuros lentes de la culpa y supo que ella también era una bruja mamá en construcción y que con su propia varita mágica intentaba incansablemente salvarse de ser domésticada. 

Día 4

¿Una maternidad feminista? El feminismo no lo puedo expresar de forma individual porque el sistema en el que vivo me limita. He tomado el feminismo para mí: me enuncio feminista y me construyo desde ese lugar, y, por eso, es desde ahí donde quiero criar a mi hija. Como soy una mujer feminista con contradicciones, también soy una mamá feminista que se construye al paso, que se transforma y que en ese devenir de emociones, a veces cíclicas, siente que se juega la vida por ser ejemplo. ¿Pero ejemplo para quién? ¿Para ti, Emilia? No lo sé, ahora no estoy segura. Lo pienso mejor y me parece que va más allá de lo que aspiro que tú veas en mí. Es más bien mi idea constante de ser más y de darlo todo siempre. Pero ahora en este nuevo papel de la vida, eso parece poco sano.  Poco sano para mí porque necesito reconocerme.  

*Este texto hace parte de lo que escribieron las participantes del Taller de maternidades Imperfectas. Si quieres conocer más o inscribirte, da click aquí.

Taller Maternidades Imperfectas

Maternidades Imperfectas, un espacio de catarsis, liberación y proyección.
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