El feminismo en la maternidad

Abr 15, 2020 | Otras Voces

“Antes de parir, La Insumisa ya era feminista. Pero después de hacerlo, su lucha adquirió nuevos matices. Ahora no solo lucha por sus compañeras, también lo hace para que su hija sea una mujer libre. Aquí Tatiana Duque nos habla de maternidad feminista y una crianza desde y para la libertad”.

Escrito por Tatiana Duque

15 abril, 2020

Llegué al feminismo antes de parir y cuando aún no quería ser madre. Pocas veces lo consideré teniendo en cuenta la escasa simpatía que despertaba en lxs niñxs y el concepto de libertad en el que me movía: una en la que no deseaba adquirir responsabilidades emocionales ni cuidar de otrxs.

No diré que fue el reloj biológico (tenía 30 cuando quedé embarazada) porque no creo en eso, pero sí la transformación de mis propios paradigmas del amor y el compromiso. Estaba en una relación que me hacía bien. Me gustaba sentirme estable, amada y cuidada. Me gustaba amar y cuidar. La libertad había tomado otro tono: ya no me sentía intranquila.

Venía trabajando la relación con mi familia y por fin entendía la posibilidad de construir con ellos una relación saludable y amorosa.

No había más incertindumbre, la regla rectora de casi la mitad de mi vida.

Luciana llegó casi que de sorpresa y me tomé el tiempo para tomar una decisión. Lloré. Lloré mucho. Del miedo, de la angustía, de no sentirme preparada (la verdad nadie lo está nunca) del vacío, de la incertidumbre (de nuevo). Y, después de asumirlo en pareja, lloré de nuevo. De la emoción, de la incertidumbre, del temor, de la espera.

Decidí comenzar yoga para embarazadas porque quería (o al menos ese fue mi pajazo mental) tener un parto natural. Me encontré con muchos discursos, todos ellos totalizantes. No quería elegir entre blanco y negro porque, aunque soy de extremos, ninguno de los que se me hablaban me convencian.

Pensé mucho en los deber ser, en la construcción hegemónica de la maternidad, del mandato de la madre, de la anulación de la mujer. Pensé en mi, en quién era y en quién quería seguir siendo aún después de parir.

Pensamos en Luciana. En que ser mujer en una sociedad como la nuestra es una mierda. Elegimos, después de muchas discusiones, no bautizarla ni abrirle los agujeros de las ojeras porque era su cuerpo no el nuestro. Porque no queríamos marcarla: “Eres mujer y tendrás que serlo siempre”. Quisimos más bien darle otro mensaje: “Es tu cuerpo y nadie más que tú tiene decisión sobre él”. Ni les cuento la “socialización” de todo esto con nuestra familia. Lo bueno es que al final lo entendieron.

Decidí ejercer una maternidad feminista porque soy feminista. Porque mi lucha es por mis compañeras, por mí y por mi hija. Decidí ser mujer aún siendo madre, aunque me cueste, aunque la culpa me acompañe siempre.

Me costó mucho expresar las emociones negativas que me generaba maternar. Me costó aceptar ante mi misma y otrxs que no disfruté dar de la teta. Que me pareció esclavizante y que no quería hacerlo. Y, en adelante, fue liberador. Es que maternar no es cualquier cosa. Nadie sabe hacerlo. No hay instinto. Hay ignorancia y temor. Hay ensayo y error.

Me rebelo contra la dictadura de los manuales de lxs “expertxs”. Contra la narrativa mediática de la responsabilidad unipersonal (toda recayendo sobre las mujeres); del mandato incuestionado de la súper mamá; de la violencia obstétrica; de las triples jornadas; del trabajo invisible; de la carga mental.

Vomito sobre las recomendaciones sobre cómo “conciliar” mi trabajo con mi maternidad. Sobre el mercado laboral que no le importa las realidades de las mujeres que paren. Incluso, las discrimina por ello. Vomito sobre la buena madre y  la mala madre. Sobre el “se buena niña”, “no te sientes así”, “las niñas no juegan a eso”, “vístete de rosado”, “cásate y ten hijxs”, “calla”, “sirve”, “aguanta”.

Reivindico mi identidad. Reivindico la identidad de mi hija. Nos amamos pero somos diferentes. No somos una. Y en ese camino aprendemos, nos equivocamos, crecemos, discutimos, nos abrazamos.

Mi lucha es por mis compañeras, sí. Pero, principalmente, por mi hija. Quiero una ser humana libre. Quiero que vuele, que sueñe, que explore. Que haga lo que desea. Que nadie le diga que no puede porque es niña, y aunque seguramente lo escuche, sabrá (eso espero) que puede hacer todo lo desee porque es Luciana.

Si quieres profundizar en la maternidad feminista, te invitamos a inscribirte al taller online de Maternidades Imperfectas, el cual comenzará en mayo.

 

Tatiana Duque

Periodista con enfoque de género. Feminista. Abolicionista. Mamá.
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