Mis ideas no se resumen en un post de Instagram

Ago 18, 2020 | Blog Personal

Escrito por María Fernanda Cardona

18 agosto, 2020

¿Qué sucede cuando un post de Instagram se viraliza?

Hace unos días se viralizó un post que publiqué en Instagram sobre la maternofobia, el cual, al día de hoy, tiene 22.300 me gusta, 19.300 compartidas y 105.423 cuentas alcanzadas. A simple vista esto me debería hacer muy feliz, pues algo que escribí tuvo un impacto inmenso, mucho más del que esperaba, mi cuenta (@lamalamamapodcast) creció increíblemente en un fin de semana, y recibí mensajes hermosos de mujeres, algunas madres y otras no, hablando de mi “valentía” por publicar esto. 

Pero como no todo lo que brilla es oro, crecer en redes sociales es ambivalente y doloroso: así como recibí cariño, muchxs me escribieron para pedirme explicaciones porque les parecía muy incompleto mi post, para criticar que usara lenguaje inclusivo (porque supuestamente perdía credibilidad), para culparnos a las madres y padres por no “controlar” a nuestrxs hijxs y por lo tanto provocar la niñxfobia, para insultarme (hay quienes me dijeron que soy un “meme”, que qué pereza, que debería desaparecer…), para decirme, sobre todo no madres, que quiero convertir la maternidad en un mandato y para asegurar (esto me lo dijo una madre) que promuevo la cultura de la queja (recuerden, las mamás siempre calladitas). 

Esto me ha hecho reflexionar mucho sobre mi trabajo y la exposición en una red social. ¿Por qué la audiencia se cree con el derecho de exigirme explicaciones? ¿Por qué no leen mis otros posts en los que tal vez podrían encontrar las respuestas que buscan? ¿Por qué creen que una publicación es el resumen de lo que soy y pienso? ¿Por qué asumen que un post debe tener todas las aristas que creen adecuadas? ¿Por qué la gente se centra en remarcar lo que falta en vez de aportar contenido, completar lo que sienten incompleto, sumar conocimiento y perspectivas a una idea? ¿Por qué no tienen en cuenta que detrás de un post hay una persona de carne y hueso que, como todxs, es vulnerable y le puede afectar tanta “retroalimentación”? 

La respuesta es, quizá, la falta de contexto. Cuando no sabes quién es la persona detrás de una publicación, qué procesos ha vivido, que ha leído, visto, escuchado, aprendido, por qué dice ciertas cosas, de dónde vienen sus ideas, se juzga y distorsiona. Cuando no te centras en alimentar lo ya hecho, destruyes, pues siempre va ser más fácil desacreditar e insultar que construir. Cuando no buscas qué más se ha dicho sobre el tema terminas asumiendo que una vida y un pensamiento se resumen en un post de Instagram. 

Muchas de las cosas que me escribieron ya las he tratado con profundidad en otros espacios, publicaciones, podcasts, entrevistas. He dicho mil veces que la maternidad no es un mandato, que el aborto es un derecho fundamental que debe ser garantizado a plenitud por el Estado y que es una lucha que también damos las madres feministas. He explicado en varios posts y en un podcast qué es la maternofobia y niñxfobia y por qué es importante dejar de ir por la vida diciendo que no nos gustan los niñxs, como si no fueran seres humanxs que deben ser respetados. He hablado de la necesidad de que el padre de nuestrxs hijxs o las personas que están a nuestro alrededor apoyen el cuidado y la crianza pues la maternidad es una responsabilidad colectiva y por lo tanto política. He escrito sobre la relación incómoda entre feminismo y maternidad, la importancia de que los feminismos sean maternarles (otra vez: sin que ser madre sea una imposición) y por qué el adultxcentrismo es patriarcal y la necesidad de deconstruir esa forma de organizar nuestra sociedad. Pero aún así, se centraron en lo que no dije en vez de lo que estoy criticando puntualmente con el post que se viralizó.

Incluso hablé de esto con una chica que compartió mi post y me etiquetó para señalarme lo que me faltaba y, entre otras cosas, exigirme que mencionara más del padre. Cuando le conté que escribí un artículo de cinco páginas en la revista Bacánika preguntándome qué es un padre, me dijo que ella se refiere a que mi publicación está incompleta, que esa incompletud es lo que la gente está leyendo y que si no le escribo a todxs quienes leyeron el post para mostrarles que ya he escrito sobre lo que falta no lo van a saber. Pero entonces, me pregunto: ¿es mi responsabilidad que lxs usuarixs de Instagram no les interese ir más allá y crean que un post debe dar todas las respuestas? 

No, no es mi responsabilidad. Si bien mi cuenta y mi trabajo se alimentan y crecen gracias a las personas que me leen, escuchan mis podcasts, ven mis videos y, en general, consumen mi contenido, no es mi responsabilidad complacerles. Como me dijo una amiga (@latotomai), no soy un recipiente de basura donde la gente puede echar su mierda ni un robot programado para contestar todas sus preguntas (muchas que, como ya dije, pueden responder si investigan mi trabajo). Soy una ser humana a quien el trato deshumanizado que se le dio en estos días le hizo sentir vulnerable y ansiosa y por eso mismo puso límites y hoy les invita a cuestionar cómo ejercen el papel de consumidores de contenido, pues aquí la responsabilidad de aprender, ir más allá y construir también es de ustedes. 

Y ya que hablamos de la responsabilidad de la audiencia, me parece importante cuestionarnos para qué compartimos un contenido y a quién se lo estamos compartiendo. Como forma de cuidarnos entre todas hay que tener en cuenta que a quien van a atacar, la mayoría de veces de manera violenta, es a la persona que creó el contenido y no a la que lo compartió. Esto no se trata de ser “valiente” y enfrentar las consecuencias de haber hecho una publicación viral (como me dijeron), idealizando y deshumanizando mi persona, sino de entender que en el momento que ese post se viralizó perdió contexto y se dio para muchas interpretaciones erradas.

Agradezco a quienes leyeron con amor y les invito a reflexionar la forma en que las redes sociales expresan la violencia tan internalizada y naturalizada en nuestra sociedad, y cómo entre todas podemos cuidarnos. No voy a dejar de publicar, les pido que sigan compartiendo mi contenido y quiero seguir creciendo en Instagram y en esta página web, pero así mismo no quiero que mi cuenta, algo tan íntimo (porque aunque es público sale de lo que soy como persona y madre) deje de ser un lugar seguro para mí. No hay fórmulas y tal vez no sea la única vez que esto pase, pero por lo menos dejo la invitación abierta de ir más allá de un post de Instagram.

Escrito por María Fernanda Cardona

18 agosto, 2020
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