Paranoia materna

Ago 12, 2020 | Club de escritura

Club de Escritura

12 agosto, 2020

Daniela Franco Dussan de @comadres_col

En el mismo instante que sabemos que vamos a ser madres no solo sentimos todos los miedos, mareos, náuseas, el cansancio físico y emocional que eso implica, sino que nos bombardean con expectativas que no entendemos pero que nos causan culpa: el supuesto amor a primera vista, la felicidad absoluta, la “buena madre”, entre otros ideales. Daniela F. Dussan nos cuenta cómo fue enfrentarse a todo eso que te dicen que va a ser la maternidad pero que solo entiendes (y sientes) cuando tu hijo nace. 

Cuando quedé embarazada, mi madre, quien tiene un amor particular e intenso hacia los bebés, me dijo, al enterarse de la noticia, que al fin conocería al amor verdadero y que ahora sí sabría lo que es ser feliz. Yo, mientras escuchaba sus palabras y su paso a paso para ser la mejor madre del mundo, me quedaba con una mirada hacia el infinito y con una sonrisa fingida, pensado si esa frase era cierta. Luego al contarles mi gran noticia a varias mujeres que ya habían sido madres, ellas me repetían constantemente esa frase y me aconsejaban, sin solicitarlo, sobre cómo debía tener y cuidar un bebé. Sentía que intentaban gobernar mi cuerpo y mis decisiones, pero el asunto no era ese, ya que sabía (o al menos me preocupaba por saberlo) cómo rescatarme de ese deseo inefable de la sociedad en querer decidir sobre nuestros cuerpos; lo que realmente me resonó la cabeza, fue esa frase, la misma que me repitieron todas las madres cercanas a mí. ¿Será que ellas creen que antes de haber quedado embarazada yo no era feliz? ¿Será que las mujeres somos infelices y solo encontramos felicidad en la maternidad, o más bien, en otro ser?

Conforme fueron pasando las semanas de mi embarazo, que por cierto se dio en condiciones amorosas, yo desconocía completamente qué era la felicidad, porque gestando sentía todo menos felicidad. Le pregunté a mi mamá si ella también se sintió así, si sintió que había tomado una mala decisión por continuar su embarazo o si tuvo angustia o miedo al saber que sería madre. Ella con vergüenza en su cara, con esa expresión única de “te estoy ocultando algo” que conozco bien, me respondió que mi hermana y yo somos lo mejor que le pasó en la vida y que no se ve viviendo de otra forma sino siendo mamá. Me causó mucha curiosidad que su rostro no reflejara lo que decía. Y aclaro que no pongo en tela de juicio el amor infinito que siente mi madre por nosotras, pero sí quería saber qué me ocultaba y por qué lo hacía.

Esa manifestación en su rostro me hizo recordar el maravilloso libro “mamá desobediente” de Esther Vivas, quien en uno de sus primeros capítulos, habla sobre el mito de la perfección. Mientras leía, acostada en mi cama, sobre el lado derecho, con mi hijo pegado a la teta, fue inevitable ver a mi madre en las palabras de Esther: la vi sirviendo, cuidando, preocupada las 24 horas del día por sus hijas y su esposo. Mi mamá es la viva imagen de ese “ideal de buena madre”. Ahí entendí porque relacionaba tan directamente la maternidad con la felicidad, esta última definida desde esa perfección donde a las madres no se les permite sentir emociones diferentes al de la alegría y plenitud. Las mujeres fuimos socializadas (independiente de si deseamos ser madres o no), como lo expone Esther, para que si damos vida seamos las responsables de los logros y fracasos de las hijas e hijos. En nuestras manos se pone el futuro de las vidas humanas, cuando en realidad no tenemos ningún poder sobre ellas.

Esa definición de la felicidad maternal me llegó de golpe, porque, para mí, ese estado que es casi parecido al de tener un fuerte shot de morfina, no funcionaba. Esto me confirmó que definitivamente quería que mi maternidad fuera disfrutada, pero más allá de eso, que no significara olvidarme de mí para ofrecerme a otros. Es claro que mi deseo más profundo era criar a un ser humano amoroso, responsable, crítico y respetuoso, pero para conseguir eso era primordial mostrarme de carne y hueso y permitirme sentir lo que cada situación ameritaba. 

Volví a recordar la maravillosa frase que mi madre me repetía constantemente y me di cuenta que tiene razón, porque al nacer mi hijo también nació una madre y de ella me enamoré por completo. Conocí el verdadero amor en mi entrega, en mi resiliencia y en mis esfuerzos, y allí viendo a esa madre, recién parida, dando sus primeros movimientos en el mundo exterior, supe lo que es ser feliz.

 

Club de Escritura

Leer sobre mujeres y maternidad, escribir sobre lo que significa ser mujer y madre en la sociedad actual, hablar con otras mujeres y debatir sobre todo esto es una tarea necesaria cuando se quiere maternar de una forma reflexiva y rebelde. En este club de lectura, leeremos literatura, poesía, cuentos, artículos, biografías.
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